Desde sus inicios la ecología científica se ha preguntado sobre la naturaleza y características fundamentales de estas entidades que llamamos ecosistemas. Ensamblajes de seres vivos y factores abióticos o no-vivos, como ríos, montañas, lagos y valles. Algunos ecólogos consideran que estos ensamblajes no son más que agregados de organismos, unos al lado del otro, en un área geográfica determinada. Mientras que otros ecólogos consideran que estos conjuntos de organismos interactúan de manera organizada y coordinada entre sí y con su hábitat, de manera que colectivamente exhiben el comportamiento de un superorganismo. En este superorganismo, cada ser vivo individual cumple una función y conforma sus estructuras. De la misma forma que cada una de nuestras células, tejidos y órganos sirven una función en la mantención de nuestro cuerpo.
La forma más radical de esta idea es la conocida hipótesis Gaia, que toma su nombre de la antigua diosa griega de la Tierra. Postula que nuestro planeta y sus sistemas biológicos se comportan como una única entidad de gran magnitud. Esta entidad exhibe flujos de materia y energía autorregulados que mantienen las condiciones del planeta dentro de límites favorables para la vida, formando una biósfera.
No obstante, esta teoría resulta controversial para la comunidad científica. Algunos ecólogos sostienen que toda la vida en la tierra ha co-evolucionado junto con su entorno de una manera coordinada, mientras que otros consideran que la hipótesis es una especulación que va más allá de la evidencia razonable. Dirían que, desde un punto de vista evolutivo, la vida se ha forjado a partir del esfuerzo individual y auto-interesado de cada organismo por sobrevivir, desmintiendo la colectividad organizada que sugiere la hipótesis Gaia. Es decir, la vida no ha evolucionado de manera coordinada y unitaria, sino que de forma fragmentada y dispersa.
Sin embargo, la actual influencia de los seres humanos sobre el globo nos hace volver a la pregunta desde un ángulo nuevo. Muchos investigadores coinciden en que las actividades del ser humano ya constituyen una variable geológica, de ahí que sea posible afirmar que nos encontramos en el Antropoceno, o la era geológica caracterizada por la omnipresencia del ser humano en el planeta, extendiendo vastas redes de actividad coordinada. A la luz de esto, cabe preguntarse nuevamente: ¿Es la tierra un superorganismo? Quizás no todavía, pero ese superorganismo se está formando: su cuerpo es la humanidad y su infraestructura.
Una de las hipótesis más interesantes en torno a esta idea sostiene que, a través de la producción de aparatos tecnológicos, el ser humano está creando una entidad autónoma denominada Technium. Autores como Kevin Kelly sostienen que las tecnologías se han vuelto tan complejas y se han integrado tanto en nuestras vidas, que los seres humanos tienen cada vez menor incidencia en su evolución. Respecto al efecto hipnótico de las redes sociales, por ejemplo, cabe la pregunta ¿Estamos nosotros al servicio de las pantallas? ¿Somos dependientes de ellas? Kelly señala que, aunque este sistema todavía carece de la autonomía suficiente para auto-repararse y autoorganizarse, cada vez se acerca más a estas características super organísticas.
Otra hipótesis sostiene que la totalidad de la humanidad, incluyendo su cultura, infraestructuras y tecnologías ya conforman un sistema superorganístico, que crece cada vez más en conectividad y complejidad. La periodista británica de la BBC Gaia Vince demonina a este sistema Homo omnis, que evoca la idea del ser humano como una totalidad abarcante. Y, de forma abreviada Homni.
Quizás, el flujo de automóviles que transportan personas y de camiones que transportan productos a través de kilométricas autopistas son un análogo del sistema circulatorio. Quizás, la hiperconectividad de nuestras tecnologías de comunicación forman una suerte de sistema nervioso. Y asimismo las millones de tuberías, cables y edificios forman diferentes estructuras con diferentes funciones dentro de este superorganismo humano.
Muchos de nosotros pensamos que, en nuestro día y a lo largo de nuestras vidas, dirigimos nuestros esfuerzos hacia la persecución de metas personales y el cuidado de nuestros vínculos más cercanos. Es decir, ejecutamos un plan biográfico formado por motivos y deseos profundamente individuales y propios. Sin embargo ¿Podría ser el caso que, en realidad, somos engranajes de un sistema tecnológico que nos excede y nos impone su programa? ¿Somos componentes funcionales de un superorganismo humano? ¿Células de un superorganismo biosférico? ¿Estamos bajo el yugo de Technium, Homni o Gaia?
Fuentes:
https://www.nature.com/articles/468372a
https://muse.jhu.edu/article/969738
https://www.bbc.com/future/article/20140701-the-superorganism-engulfing-earth
https://www.sciencedirect.com/topics/earth-and-planetary-sciences/gaia-hypothesis
https://www.sciencedirect.com/topics/earth-and-planetary-sciences/anthropocene